DIETARIO CON PERRO A LOS PIES

Volver al número 10 rue Pont Louis Philippe, París.

En el confinamiento sentí la llamada de París. El hecho de estar encerrado en Madrid 2020, que sonaba a ciencia ficción cuando nos lo vendieron, me hizo escapar -si a sentarse frente al ordenador y escribir se le puede llamar así- a los felices años veinte del París de entreguerras. Abrí el documento que el Mac te ofrece en blanco impoluto y empecé a teclear como si estuviera embarcando en un avión modelo máquina del tiempo. Fueron horas de felicidad que paraba con algún vino, aperitivos, paseos por la casa, riego de plantas (dos o tres, no penséis que tengo un vergel) y siestas inducidas con algún medicamento. El encierro no era agradable en soledad, pero lo llené de personajes, aquellos que ya nacieron en 2010 con Una tienda en París. Volvían Kiki, Alice, Ërno, Kisling, Modigliani, Teresa, Laurent y toda la pandilla de Montparnasse.

En 2012 publiqué Una tienda en París. Una novela que me dio muchas alegrías y que sigue dándomelas ya que permanece tan viva como si hubiera galvanizado en ella la magia de la Belle Époque.

Resultado de esos días de confinamiento: unos kilos de más y un montón de folios en los que ya discurre la segunda parte de la novela. ¿Qué pasó después? ¿Qué pasó en ese momento de elipsis que no se cuenta en el primer libro? Todas esas preguntas y unos cuantos misterios más circulan ya por el engranaje del artefacto parisino que estoy escribiendo.

Me prometí no volver a París, pero me gusta llevarme la contraria. Además, ahora que lo pienso: ¡qué promesa más absurda me hice! Aquí estoy de nuevo. Ficcionado la vida de Alice Humbert con toda la realidad que he existió y la que he investigado durante muchos años. Un montón de apuntes, de anécdotas y de hallazgos sorpresivos bien valen una misa.

Es un reto, sí. Por supuesto. Una tienda en París ha sido best seller y se ha traducido a muchos idiomas. Volver al número diez de la rue Pont Louis Philippe resulta excitante. Tanto que es la primera vez que hablo de lo que estoy escribiendo.

¿Título? Lo tiene. Pero no tengo prisa, la estoy disfrutando, ha renacido el espíritu de Alice Humbert y de sus amigas, de los antros de Montparnasse, la mermelada verde, del jazz, del ron y de los talleres de los pintores.

M.H.

Atelier Grande Chaumiere, París.
rue des Barres, París.

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