Libros

Una tienda en París sigue viva

En el número 10 de la rue Pont Louis Philippe de París, cerca de l’Hotel de Ville, está la tienda. La pequeña boutique parisina, eje de mi novela más famosa, ha ido cambiando de manos desde aquella Alice Humbert de la ficción.

Hace un año, «Mi amor», que así se llamaba la tienda tanto en la novela como en la realidad, cerró sus puertas. Mi primer impulso fue irme y alquilarla a mi nombre. Pero, ¿qué podía hacer en un viejo local de París? ¿Convertir la primera planta en casa y poner alguna papelería tras el escaparate? La pregunta tiene respuesta porque es exactamente lo que me planteé. Pero las locuras solo suceden en los libros, donde es muy fácil hacer gestiones y pequeñas obras.

¿Qué pasó?

Tras unas breves semanas de cierre y de tristeza, al ver cajas de mudanza, trastos y recuerdos en el portal de la mítica calle junto al Sena, algo cambió. De nuevo, la tienda tenía luz y pintaban puertas y ventanas. El verde aguamarina de «MI AMOR» pasaba a un gris antracita. La tienda dejaba de ser una boutique de guantes, paraguas, pañuelos y sombreros, y pasaba a ser una papelería de postales, libretas, sellos, papel exquisito para cartas y sobres con marcas de agua. Las nuevas dueñas rascaban el rótulo del cristal subidas a una escalera y arrancaban así nueva andadura.

Ahora se llama Melodías gráficas (MELODIAS GRAPHIQUES) y sigue viva en el mismo lugar, con otra intención, con la misma ilusión.

Cuando escribí la novela no pensé que muchos lectores peregrinarían hasta «MI AMOR» para comprar algún detalle, verla, buscar la trampilla del sótano donde aparecieron las fotos (en la ficción) o hacerse una en la puerta. Cada vez que alguien colgaba un post en redes me emocionaba porque la novela crecía y crecía. El sueño de dueña y escritor iban a la par.

Hoy me ha llegado un regalo desde París. Victoria Daboise, lectora, ha estado en la nueva tienda y me ha comprado un detalle. El envoltorio mantiene la esencia de la novela y de la cubierta del libro: un escaparate sencillo donde todo puede pasar. ¿Llegará Ërno? ¿Laurent? ¿Tú? Y digo más: hace pocos días, Yolanda Gil, otra encantadora lectora y amiga, me enviaba desde París una bola de Navidad de papiroflexia comprada en la tienda Melodies Graphiques.

Y las dos lectoras, sin saberlo, me han hecho un gran regalo: la novela sigue viva en cada mirada, más allá del libro, más allá de la puerta del número diez de rue Pont Louis Philippe; permanece intacta en la imaginación de cada lector. MH. 

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