DIETARIO CON PERRO A LOS PIES

Una cierta fatiga

Ya ni recuerdo la última vez que cené con amigos, ni cuándo me tomé unas cañas. Y los viajes parece que forman parte de una memoria muy lejana. Es cosa de los álbumes y de la tarjeta del móvil. De hecho, anoche, me puse a ver un programa que grabé hace tres años, o cuatro, ni recuerdo, en el que viajaba por el mundo con TVE, «Destinos de Película». La nostalgia de las cosas que me gustan empieza a abrirse como las heridas que te hacías de pequeño, esas pústulas de la rodilla que con la uña ibas levantando poquito a poco y volvían a sangrar.

En la Comunidad Valenciana no estamos bien. Las cifras son de récord. De mal récord. La peor zona de Europa, acabo de escuchar en algún informativo. Mal. El mañana efímero, como diría Machado. Así las cosas, sigo de casa al trabajo y del trabajo a casa. Afortunadamente tengo ocupación, porque eso ventila la cabeza y elimina pensamientos negativos. La melancolía de la vida cotidiana, de las cosas pequeñas que tanto nos gustan, trepa como una hiedra.

Un día esto se acabará, claro. Lo pienso. Me esfuerzo. Los responsables cogerán bien las riendas, porque da la sensación de que la pelota va de tejado en tejado pensando en el azar y en la suerte divina, y van reaccionando tarde y mal. Unos contra otros. Algunos, desaparecidos. Parches cuando empeora y tiritas para la prensa. Y mientras tanto, miles de muertos.La vacuna llegará. No sé cuándo, pero llegará. Todos volveremos a la vida, a la Vida. Porque este paseo inerte de personas con mascarilla se está alargando y temo que nos agrie el carácter en un futuro. Que nos convirtamos en personas menos empáticas, más frías y con una distancia social perpetua.

Yo hago lo único que puedo hacer, ser responsable. Y lo digo de manera egoísta. No quiero contagiarme ni que se contagie mi madre. De momento, escribo esto y pienso en el día de mañana.

MH.

Postdata: Pasear con doña Leo se ha convertido en mi nueva red social favorita.

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