DIETARIO CON PERRO A LOS PIES

Una amapola sí hace primavera

En el paseo rutinario de cada mañana yo me despierto y doña Leo hace sus necesidades de manera libre, sin correa, entre saltos y golosas hierbas que mastica como si fuera un desayuno pantagruélico. Se tira y se reboza entre el verde, más verde que nunca, o que mi memoria recuerde. Y de pronto, cuando estiro los brazos al sol, cuando se inunda la cara de luz, abro los ojos y no la veo. «Leo, ¿Leo? ¡Leooo!»

Y sin un mínimo guau como respuesta, la siento a cincuenta metros, diciéndome:

-mira, la primavera.

A su lado, una amapola roja estalla sobre la hierba, saluda y da los buenos días. No la noto porque sé que morirá si la rozo, como tantas cosas, y mi perra hace lo mismo. La mira, la observa y orina cerca para decir «es mía, la encontré yo primero y por eso marco el terreno».

El paisaje empieza a cambiar. Todo es como siempre y nada lo es. La vida empieza a ordenarse o a mostrarse. No sé. Y la efímera flor se queda tras nuestro paseo mientras pienso en las magdalenas y en el buen gusto de Leo por los nuevos caminos. Es primavera, pequeña. Llegó.

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