EL ESPAÑOL

Pastillas de colores

Se llamaba Juan y estaba cerca de los noventa años. Dos veces por semana coincidíamos en el bar de menú que hay en la calle Sagasta. Primero nos saludábamos con cortesía, apenas un gesto con la cabeza al reconocernos en el mismo lugar. Pasaron los días y ya hubo un hola y un “a ver qué nos ponen hoy”. Comíamos a dos velocidades, yo engullía y él se deleitaba con las acelgas o la tortilla francesa. (sigue leyendo)

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