DIETARIO CON PERRO A LOS PIES

Me quiere. No me quiere.

De niño era absurdo deshojar ese juego sencillo que muchos hacían a la salida de la escuela; no tenía ningún sentido porque los amores de colegio no existieron. Fue observador de otros, como de tantas cosas, y tal vez eso me hizo escritor.

Es la nostalgia de lo no vivido. De un primer amor inexistente.

Parece que han pasado siglos desde entonces. Ahora veo las margaritas manzanillas en mi paseo diario con Doña Leo, hago una foto y sonrío con cierta melancolía. Cero tristeza.

El amor no era un pétalo. Era una flor entera.

Quererse. Entenderse.

Y hoy, tantos años después, sonríe.

MH.

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