20MINUTOS

Historia de una foto

El otro día, iba a un acto que se celebraba en mi pueblo, y en esto que paré a sesenta kilómetros de Madrid porque andaba la luz de la reserva haciendo chiribitas. Llené el depósito y pasé a pagar con tarjeta, porque se dispara el gasoil que es una barbaridad y no da con el efectivo. Es más, pagué un extra porque me dio bajón y opté por regalarme una chocolatina y una bolsita de gominolas para compensar. Es lo que tiene la ansiedad que genera el disparatado precio de la vida, que sólo te lo compensa el azúcar. Conste que a veces me doy cuenta de que no debo, que luego las revistas se tiran como buitres al acecho de los gordos y crean inseguridades físicas y otras milongas emocionales. Pero en ese momento, me dije, todo me da igual; tenía ganas de chocolate y guarradas de plástico. Punto pelota. Luego me arrepiento, se me quita el sueño de la siesta y no me puedo dormir por los quebraderos de cabeza. Esta maldita educación cristiana y la culpa andan tras cada movimiento que hagamos para perseguirnos. Me paso la vida mirando cuerpos en Instagram y creyendo que algún día seré como ellos. Pamplinas. No lo seré. Pero no por tiempo, sino por ganas. Que andar con el brazo prieto y el ombligo terso obliga mucho. (SIGUE LEYENDO)

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