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DIETARIO CON PERRO A LOS PIES

    DIETARIO CON PERRO A LOS PIES

    BENVINGUT 2022

    Es hora del recuento de un año que ya se va. Anda estos días de diciembre despidiéndose desde un anden imaginario y nos dice adiós para siempre. ¿Para siempre? Sí, no volverá. De eso estamos seguros. Como tampoco volverá lo que vivimos en otros años. Pero, ¿qué se queda?

    2021 apareció como la salvación a un año funesto, el 20. Pero, qué voy a contaros de lo que hemos visto en las noticias, todo ha sido gris tirando a ceniza negra. Feo. Inseguro.

    En nuestras pequeñas vidas, esas de las que nadie hablará cuando hayamos muerto, algunas cosas buenas deben quedarse. Todo lo que nos hizo emocionarnos. Pero la agenda va tan rápida, pasamos tan veloces las hojas del calendario, que lo que fue bonito se esfumó entre miles de malas noticias. Busco y no encuentro, dirás. O sí.

    Más allá de lo que marcará desgraciadamente este 2021, como el tumor de mi madre, escudriño en la memoria para saber que también fuimos felices en casa. Cuidar de ella ha sido un regalo, a pesar de lo ingrata que se pone de vez en cuando la vida. Cuidarla y volver recuperar algo de su brío ha sido el mejor amanecer de 2021. Ya está, ha pasado, le digo. Me digo. Olvida como puedas todo lo feo. Piensa en lo  bueno: estamos. Estamos en casa, juntos, los dos.

    Apunto de arrancar la hoja y colgar un año nuevo de la pared de la cocina, resumo como si un profesor invisible me lo dijera: Volver a casa, al pueblo, a la cadena de televisión que me vio nacer, a mis cosas de niño, a charlar frente a la estufa de asuntos baladíes para maquillar el dolor. Hablar de sus recuerdos, de los míos. Volver al camino de las huertas de enfrente y sentarme junto a los olivos con Leo, no pensar o intentarlo, recoger piñas para la estufa, retransmitir las fallas en una distopía festiva y la emocionante cremà, ser actor en una serie como L’Alquería Blanca con un papel de juez, verme, que lo vea ella, comentarlo, disfrutar del programa diario, cansarme también, renovar las fuerzas televisivas más que nunca, disfrutar de un nuevo equipo, compañeros, seguir escribiendo posibles futuras novelas, abrir una hoja en blanco, cerrar otras, hilvanar la que se ha quedado a medias, ser finalista de la crítica valenciana con mi última novela, Con el amor bastaba; pintar acuarelas en mis cuadernos, algún viajecito en pareja, con amigos, las risas, las barbacoas, los teatritos en la piscina, las confidencias en el mar, las cervezas con mis primas, las niñas siempre, las recetas de Maribel y aprender a cocinar con ella, ¡a jugar incluso!, su apoyo incondicional en momentos duros, el pasodoble que llevará para siempre mi nombre compuesto por Eugenio Llopis, -gracias María por tu regalo-, ser embajador del cava de Requena, recibir la llamada del director de la Tele para presentar las campanadas «Benvingut 2022» o las firmas esporádicas de libros con el encuentro improvisado de los lectores. Y, por añadir, la llamada que me han hecho y que ha iluminado el fin de año e iluminará el nuevo.

    Esto no es un balance porque evidentemente sé qué pesa más en un año, en este año. Son cosas buenas.

    Cumplí cincuenta años.

    Volver para volver. MH.

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