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Una radiografía de París y mi novela

Por Anna Maria Iglesia

@AnnaMIglesia

 

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Me gustaría empezar la entrevista rescatanado dos títulos de dos novelas que, de una manera u otra, pueden servir como subtítulo a tu propia novela:Paris era unafiesta y  Paris no se acaba nunca, ¿Con cuál te quedas?

Me quedo con Paris era una fiesta por el fetichismo que siento hacia Ernest Hemigway que precisamente en esta novela refleja, al menos para mí, uno de los momentos más brillantes de la cultura del siglo XX y que coincide con los años veinte, los años de entreguerra y tiene como escenario la ciudad de París. Por tanto, no sólo por el fetichismo hacia el autor, sino, y sobre todo, por cuánto me hubiera gustado estar allí, ser testigo de cuanto acontecía, París era una fiesta es la cita, me quedo con ella.

Y, sin embargo, Paris no se acaba nunca

Si puedo elegir y me puedo quedar con una de las dos citas, me quedo con Hemingway, sin embargo, es verdad, Enrique Vila-Matas tiene razón, París no se acaba

En Una tienda en París te alejas de la Montmatre y del Quartier Latin de los escritores rememorados por Hemingway para trasladarte al Montparnasse de los pintores de entreguerra

Tras la novela, se esconde mi obsesión por el color, mi deseo de querer mostrar los diferentes colores que impregnaban aquellos años; además, a través del color quería contraponer dos modos de vida, dos maneras de entender la propia vida, es decir, mostrar la vida percibida en color o, por el contrario, vista en blanco y negro. Para poder reflejar y describir a todos aquellos que viven, o vivían, instalado en el negro como también a quienes buscan y aspiran al color, la forma más gráfica que tenía a disposición era reconstruir el París de los pintores, la zona de París que ellos frecuentaban y que todavía sobrevive, en cierta manera, a pesar de los cambios.

En Una tienda en París, el mapa de la ciudad adquiere una gran revelancia, es el sustrato a partir del cual se organiza la narración y sobre el cual se desarrollan los personaje

Precisamente por la importancia que adquiría el mapa de la ciudad en la novela, opté por descartar Montmatre, un barrio cuya  importancia reside, principalmente, a lo largo de la primera etapa, es decir, cuando allí se reunían los artistas a finales de siglo. Preferí mirar hacia Montparnasse, donde se refugiaron todos aquellos artistas en los años veinte, un momento que, al menos para mí, resulta no sólo más creativo, sino que por entonces se vivía un desenfreno infinitamente más vital.

Versificaba Baudelaire: “homiguenate ciudad, ciudad llena de sueños”

Sí, París es la ciudad de los sueños, unos sueños que para los artistas gravitaban entorno a Le Dôme, el centro del mundo, como ellos mismos lo llamaban.

Sin embargo, la París que describes sigue siendo, todavía hoy, una ciudad llena sueños

Si, exacto, yo quería mostrar una París que sigue siendo la ciudad de los sueños y, en este sentido, tiene razón Enrique Vila-Matas, París es una ciudad eterna, que no se agota, porque, ante todo, es una ciudad en la que el pasado sigue perdurando. Todavía hoy quien va a París busca la imagen de aquel Modigliani de antaño o de la Amélie más contemporánea.

La interrelación entre la narración y la ciudad resulta muy evidente, por ello me gustaría preguntarte si la ciudad condicionó la trama o, por el contrario, fue la propia trama la que te condujo hacia París.

Yo suelo ir mucho a París; desde siempre quise ser corresponsal y veía a París como la ciudad de destino. La novela es una manifestación de los anhelos que tenía con respecto a la ciudad, por tanto, podríamos decir que antes estuvo París y de allí y de mis anhelos nació la novela. En Una tienda en París, quería rendir homenaje a la ciudad, sin mostrar los tópicos comunes a todos; es muy fácil caer en los tópicos cuando se habla de París y así terminar por reducir su imagen a las clásicas postales de las crêpes, de los quesos o de la Torre Eiffel. Yo quería mostrar un París que rescatara la locura de aquellos felices años veinte, no desde los bajos fondos, pero si desde el contraste: de hecho quería recrear aquellas estrechas calles donde las mujeres se prostituían y aspiraban a convertirse en modelos para así alcanzar una vida mejor, los artistas que borrachos recorrían esas mismas calles y abusaban de aquellas mujeres, pero también los estudios de los artistas, el bar Le Dôme…Y, precisamente, huyendo de los tópicos, la tienda que describo no está situada en un lugar turístico, se encuentra en una calle que puede pasar perfectamente desapercibida. Y, por otro lado, los estudios de los artistas que aparecen a lo largo de la novela, son, como la tienda, lugares reales, fueron los auténticos estudios de aristas como Modigliani o Kisling, pero no son destinos turísticos, no son los tipos edificios reconocibles por todo aquel que piensa en París

Un proyecto como Una tienda en París podía tropezar con los tópicos con los que tropieza repetidamente, hasta el agotamiento, Woody Allen en su película Midnight in Paris

Aunque nunca nadie ha hecho comparación alguna entre la novela y la película deWoody Allen, tenía mucho miedo de que fuera posible la comparación. Estaba escribiendo Una tienda en París, cuando se estrenaron, Midnight in Paris de Allen y, luego, Café de Flore de Vanessa Paradís. No podía creer el resurgir que se estaba viviendo de la ciudad, un resurgir que coincidía precisamente con la redacción de mi novela.

Sin embargo, tu libro escapa de los abusos de tópicos que realiza Woody Allen; personalmente, su película resulta decepcionante precisamente por la facilidad de los tópicos a los que recurre.

Es una película donde todos son tópicos, afortunada o desafortunadamente tiene absolutamente todos los tópicos posibles. Entiendo perfectamente el temor que mencionas, es un temor que a priori todo lector puede tener, pues el propio nombre de París tiene por sí mismo una gran fuerza evocadora, por esto quería que en el título de la novela prevaleciese París como nombre, sin adornarlo con adjetivos y complementos innecesarios. El temor a abusar de aquellos mismos tópicos que están presentes en la película de Woody Allen empezó a perseguirme cuando yo ya estaba terminando la novela.

Los personajes que aparecen en tu novela se alejan de aquellos nombres más manidos y más fácilmente reconocibles de la París de aquellos años.

Si, de hecho Moïses Kisling no es de los pintores más conocidos, su fama fue oscurecida por la figura de Modigliani. La Coco Chanel que describo en la novela es la Coco de un momento particularmente gris de su vida: no quería reconstruir la imagen sobradamente conocida de la diseñadora de éxito, como tampoco me interesaba el mundo de la moda en el momento de su mayor apogeo. Los años que describo son  años en los cuales mujeres como Elsa Schiapparelli, que, posteriormente, se convirtiría en musa de Dalí y de Cocteau, no era nadie; algo parecido sucede con la figura de Thora Dardel que, si bien en una brillante cronista de aquellos años, hoy en día su nombre es bastante desconocido.

La bibliografia que mencionas al final del libro parece escasa…

Y, sin embargo, es toda la que utilicé. En verdad, es casí toda, hay más libros

Tras leer el libro, me parecía que debía de haber más libros, más lecturas…

Detrás de la novela hay más bibliografía, pero no quise mencionarla toda, quería señalar solamente los libros que me sirvieron de referencia principal. Me parecía exagerado mencionarlos todos, sobre todo porque leí muchos libros solamente para buscar pequeños detalles sobre aquella época: cómo vivían, qué tabaco fumaban, qué ropa vestían, cuáles eran las calles que transitaban, cómo era el hospital donde trabaja la madre de Alice, la protagonista…

Así que optaste por citar únicamente los principales y eludir todos los demás que subyacen a lo largo de la narración

Me parecía síntoma de excesiva vanidad mencionarlos todos, aunque evidentemente son muchas lecturas que se esconden tras la novela. En Una tienda en París no hay nada casual, y, además, no hay concesiones al texto fácil; algunos la considerarán una novela romántica, otros, en cambio, dirán que es una novela pasional, pero, más allá de ésto, es un texto impregnado de datos y referencias reales: las fotografías que menciono, las fiestas que describo, muchos de los diálogos, todo está documentado. Nada es fruto simplemente de la fantasía, he recuperado los hechos y los protagonistas de aquellos años de la forma más precisa posible, eliminado toda posible ficcionalización

Construyes, por tanto, la ficción narrativa a partir de una realidad histórica documentable, de un escenario real y de sus actores

Exacto, sobre un escenario completamente real e identificable y a partir de unos acontecimientos y de unos personajes históricamente verídicos, he construido la ficción, la narración novelística. Evidentemente, he tenido que ampliar, en parte, la biografía de los personajes, escribir, en cierta manera, una biografía apócrifa de cada uno de ellos. Juego con la realidad al introducir determinadas acciones o diálogos, pero sin nunca alterar el escenario histórico y los hechos principales que allí tuvieron lugar. Por ejemplo, describo la primera exposición en la que se mostraron las vaginas de las modelos completamente sin vello y que fue un escándalo de tal magnitud que tuvo que acudir la polícia. Introducir estos episodios que tuvieron lugar años atrás me parecía osado, me parecía que yo no tenía el derecho de acudir a ellas y utilizarlas para mi novela, pero, a la vez, me parecía un juego muy interesante

¿No tenías derecho?

El París de aquellos años es la expresión por excelencia de la cultura en su momento de mayor brillantez; me parecía  atrevido rescatar y reutilizar aquellos momentos y aquellos hechos tan importantes para mí y para la cultura del siglo XX. Se trataba de respeto

Sin embargo, la ficción se construye a través del pasado; para ficcionalizar desde el  presente es necesario rescatar el pasado histórico o literario y reelaborarlo.

El proceso de escritura de esta novela fue fascinante; me perdí en la búsqueda de lugares de antes, pero que todavía sobreviven en el presente. Con las fotografías de la época, recorrí las calles de París para ver como había cambiado, para descubrir que había hoy en aquellos lugares que, años atrás, habían sido completamente diferentes.

A lo largo de la narración, los tiempos se confunden, presente y pasado confluyen en una aparente tercera temporalidad

Siempre he creído que por muy narcisistas que podamos ser, por mucho que podamos pensar que nuestro tiempo y nuestra realidad es el centro de todo, tenemos presente que antes que nosotros alguien ha vivido experiencias similares a las nuestras, es decir, que en el pasado ya se han vivido muchas de las cosas que hoy en el presente estamos viviendo. Precisamente, por esto quería construir una narración a modo de espejo: la protagonista se mira en el espejo y ve que, años atrás, Alice ha vivido experiencias similares de las que ahora ella es protagonista. Me gustaba el juego de espejos a partir del cual al mirarse uno desde el presente tiene como reflejo el rostro de alguien del pasado.

La novela plantea un juego de ficciones: la ficción narrativa que tú cuentas y, a la vez, la ficción que construye Teresa a partir de la figura de Alice Humbert.

Si, pero también es verdad que es una ficción que no lo es completamente, puesto que Alice Humbert es un personaje real. Por otro lado, es cierto, que también está Teresa, una mujer que, ya en el presente, va en busca de sí misma siguiendo los pasos de Alice.

Una tienda en París es, al fin y al cabo, el relato de un viaje.

En verdad, la presencia del viaje y de la búsqueda de sí mismo ha estado siempre presente en la tradición literaria, desde la propia Iliada. En La Semilla Inmortal, Jordi Balló y Xavier Pérez plantean que, al final, hay un número reducido de novelas y de temas: la búqueda, el enamoramiento, la frustración, la culpa… En mi novela, a parte de la búsqueda de Teresa, quería proponer la búsqueda de aquellas mujeres de los años 20 que se conviertieron en modelos y musas de los artistas. Desde muy pequeño, cuando voy a un museo siempre me he detenido frente aquellos retratos de mujeres anónimas, siempre me ha gustado pensar e imaginar sobre quienes fueron Las mujeres que posaban para las fotografías de Man Ray y para otros artistas de la época no eran mujeres anónimas.

Regresando al tema  del viaje, como diría un crítico francés: todo relato es relato de viaje

Si, siempre es así; de hecho, incluso cuando te enfrentas al ordenador para empezar a escribir te enfrentas a un viaje. Siempre se realizan dos viajes, el de la historia y el tuyo propio como autor, pero también como lector. Además, a mí no me asusta la página en blanco, al contrario, encuentro en ella la libertad completa, la libertad absoluta para crear.

Hace unos días comentabas que, a parte de la novelística, has empezado a escribir teatro

Si, el 7 de julio se estren en La latina una obra de teatro de la que soy co-autor junto con el director de cine José Luis Iborra. Se trata de un texto teatral humorístico que será interpretado por Loles León y por Lolita.

Comentabas también que estabas escribiendo piezas de microteatro

Si, ahora mismo estoy terminando una pieza de microteatro, a parte estoy ocupado con los ensayos de la obra de la que te hablaba y, además, estoy escribiendo mi cuarta novela.

 

Marta Fernández, Màxim y Carmen Fernández de Blas (editora de MR Ediciones), durante una  de las presentaciones de Una tienda en Paris. blogs.revistavanityfair.es -

Marta Fernández, Màxim y Carmen Fernández de Blas (editora de MR Ediciones), durante una de las presentaciones de Una tienda en Paris. blogs.revistavanityfair.es –

La escritura ocupa gran parte de tu vida fuera de las cámaras de televisión

Escribo muchas horas cada tarde; por lo general, sobre las tres y media del mediodía ya estoy frente al ordenador. Como mínimo, cada tarde inteto escribir unas cuatro horas

Como diría Picasso, “la inspiración debe encontrarte trabajando”

Yo no puedo entender la inspiración sin una libreta a mano; si llevo esta libreta negra es porque siempre estoy apuntando cosas, cosas que observo, que escucho en el día a día. Aunque escribo con ordenador, necesito tomar notas a mano, con bolígrafo y me pasa algo similar en el momento de corregir. Escribo en casa, pero corrijo en los bares, me manejo bien en medio del ruido.

Haces como Émile Zolà que se acercaba a las fábricas para escuchar las conversaciones de los obreros o paseaba por las calles captando la manera de hablar de la gente

Si, algo similar; de hecho, creo que son muchas las conversaciones que he escuchado en la calle o en un bar y que, luego, he utilizado para mis novelas, pero creo, sinceramente, que ésto lo hacemos todo, es una forma de robar las vidas curiosas

La curiosidad es intrínseca al ser novelista, no se puede escribir sin tener curiosidad, así como no se puede ser periodista sin ser curioso

Siempre he sido curioso, y no sólo por el hecho de ser periodista. El susurro de la caracola, mi segunda novela, surgio al observar el tráfico de la gente en las calles, mientras que La tienda en París tiene su origen en una pequeña tienda frente a la cual me detuve puesto que había llamado mi atención

En clase, ante la pregunta de un estudiante sobre cómo poder ser escritor, un profesor de literatura de la universidad, contesto: “sal a la calle y vive”

En una ocasión le comenté que a mi primer director de prensa que no sabía como titular la portada del periódico, y su respuesta fue: “bájate al bar y sube de aquí a media hora”

A propósito del periodismo, ¿para tí existe alguna relación entre la labor periodística y la creación literaria?

Para mí son dos mundos completamente distintos, seguramente hay una determinada relación entre los artículos y la literatura por el hecho de escribir, es decir, la escritura en cierta manera los une. Sin embargo, no creo que haya mucha relación entre el periodismo en general y la literatura puesto que el periodismo utiliza tiempos muy rápidos y, además, desde el periodismo se busca demasiado el titular y se descuida a veces el contrastar. La novela, en cambio, requiere un tiempo más pausado, un horneado más lento, una corrección más atenta. La prisas en el periodismo ha supuesto la muerte para muchos medios: consumimos demasiado y, sobre todo, consumimos demasiado rapido. Al final leemos simplemente los titulares, las noticias son excesivamente breves; hay muy poco análisis y mucha información.

Estoy completamente de acuerdo y confieso que me resulta extraño escuchar estas palabras pronunciadas por un periodista; la autocrítica suele estar ausente de las reflexiones, sobre todo si se hacen desde dentro.

Yo soy muy crítico con el periodismo, aunque me dedique a ello. Soy consciente de que últimamente las telediarios son revistas de noticas, hace tiempo que los informativos han dejado de ser informativos, para convertirse en programas de noticias que se repiten una tras de otra. No me parece normal que, en un telediario, se dedique apenas pocos segundos al premio Principe de Asturias de las Letras que ha ganado Muñoz Molina y, por el contrario, se concedan dos minutos a reportajes sobre animadoras o a desfiles de ropa. Los informativos han cambiado mucho y yo, sinceramente, soy muy crítico con la profesión; creo que hay una gran cantidad de noticias, pero muy poco explicadas; hemo vuelto, en cierta medida, al pan y circo

La literatura, el teatro, el arte en general, permiten descubrir la realidad de una manera más atenta respecto a la posibilidad que ofrecen las noticias. El arte penetra con más intensidad y llega con más fuerza a los lectores/espectadores

Si, es así. Y espero que yo a través de la ficción y de mis novelas pueda mover la conciencia de los lectores. Cuando escriba mejor, cuando lleve más tiempo en esta profesión y mis novelas progresen espero poder despertar la conciencia de los lectores, llegar hasta ellos. De momento, soy consciente de que mis novelas son principalmente entretenimiento, aunque todas ellas escondan un pensamiento, una reflexión; para mi es un error que un autor no esté pegado a la realidad, hay grandes autores, como Muñoz Molina, que consiguen hablar de la realidad a través de sus novelas y llegar a los lectores. Para mí estar comprometido es algo esencial.

En Una tienda en París subyace una reflexión crítica sobre la independencia de la mujer, abogas por la necesidad de romper con los corsés sociales

La independencia de la mujer es un tema principal que se repite en todas mis novelas.Una tienda en París es un canto a la independencia de la mujer, al saber decir no en algunos momentos, pero también al derecho de equivocarse, pues al fin y al cabo equivocarse forma parte de la naturaleza humana. El hecho de que en los años veinte una mujer abriera una tienda con su nombre resulta la más clara expresión del fuerte carácter de Alice Humbert, alguien que quiso hacer por sí sola su sueño realidad.

Fueron muchos más modernas, más libres aquellas mujeres de antes que las de ahora, con respecto al sexo, al hecho de quitarse los corsés de la moda, de cortarse el pelo…esa voluntad de mandar sobre sí mismas, sobre todo si pensamos en las dificultades que había por entonces, resulta incomparable con lo que sucede ahora. Hoy leía precisamente un informe en el que se decía que niñas de trece años con novios están sometidas a la voluntad de sus novios, me parece un auténtico horror. Creo que en este ámbito, todavía hay mucho camino por hacer en la educación, pues aquella independencia de las mujeres, aquel espíritu de libertad y autonomía, se ha frenado de una manera escandalosa.

La libertad a la que aspiraban aquellas mujeres coexistía con la libertad creativa que impregnaba el arte y los artistas

La ausencia de miedo, la sensación de no perder nada por pintar, escribir, crear de otra manera se ha ido perdiendo. Ese no tener miedo que caracterizaba a Man Ray, por ejemplo, es esencial en la creación artística, porque el miedo paraliza, y lo hace en todos los ámbientes, sean éstos políticos, culturales o sociales. El miedo a perder lo poco o mucho que se tiene termina siempre por paralizar y, en cambio, en aquella época, se perdieron muchos de los miedos que hoy vuelven a estar presentes

Seguramente se debe a que creímos alcanzar el mejor de los mundos posibles, creímos que era imposible alcanzar retos nuevos, porque lo habíamos conseguido todo y sin embargo…

Si, pero ¿ ahora qué? Es necesario, y estoy convencido de que antes o después va a suceder, una revolución social y cultural, revolución que suele acompañar siempre los momentos de crisis y que, evidentemente, podremos ver con más claridad con posterioridad. No sé exactamente que aspecto tendrá esta revolución, pero como observador de la realidad y, por tanto como periodista, creo que llegará una nueva manera de entender la realidad y la cultura, como ya sucedió anteriormente en otros momentos muy complicados de nuestra historia.

Siempre se dice que el mejor humorismo, el mejor cine o la mejor literatura nace en momentos de crisis

Desgraciadamente es así, principalmente porque crisis significa ruptura y la ruptura alcanza todos los ámbitos.

 

Máxim Huerta, más allá de la pantalla: apuntes para una conversación literaria alrededor de París

http://www.culturamas.es/blog/2013/06/11/maxim-huerta-mas-alla-de-la-pantalla-apuntes-para-una-conversacion-literaria-alrededor-de-paris/

 

 

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