COLUMNAS Vida

Tus amigos de la radio

Mi primer ejercicio periodístico fue ante los micrófonos de RNE en Utiel (el pueblo donde nací). Era verano y pedí permiso a Amparo Calatayud, la directora de aquel lugar santo, para «gastar» una hora de su programación con un programa que se llamaba «Tan frescos». Me lo escribía todo, desde el buenas tardes al hasta mañana. No quería dejar ni un segundo a la improvisación, con lo que me gusta. En fin. Me ponía frente a la olivetti que me regaló mi padre y… tic tac tic tac, como un reloj. Entre tipex y mucho folio acababa mi programa y me colaba en la pecera para la emisión. ¿Sabéis quien estaba en el control de realización? ¡Pablo Motos! Era el rey de la radio local, primero lo había sido en Requena y en ese momento lo era en Utiel. Paisanos de tierra del vino. Era tan ingenioso entonces como ahora. Y recuerdo que le encantaba cantar, acompañado de su guitarra, hasta los anuncios de la radio.

Mi primer trabajo remunerado vino después: me contrataban en Radio Buñol , la radio local de mi (también) pueblo (foto superior). Allí aprendí, sufrí y disfruté de la radio. Recuerdo perfectamente el momento de las «canciones dedicadas» y la retranca de muchos oyentes para picarse con otros en las ondas usando títulos de canciones. Tragaba saliva y… ¡adelante! «Esta canción es para… y se la dedica…» Así cada día. Después empezaba mi magazine: EL MIRADOR. Y entre canción (ponía las largas para poder escribir) y entrevistas, preparaba el informativo de las dos. Me pasaba la mañana en la radio y parte de la tarde. Era mi vida. Yo pensé que ese estudio de cables, discos desordenados y cintas para grabar sería mi lugar, que poco a poco crecería de altura y de ondas. Que me iría a Valencia a otra emisora. Que alguien me escucharía. Eso que te dicen siempre de los sueños… Que si sueñas fuerte y bla bla. ¡Paparruchas! La vida no va de eso. No decides siempre las oportunidades, vienen o no.

Entonces llegó la prensa y dejé los micros. Me puse a dirigir dos periódicos comarcales, uno que ya estaba en marcha (la Red Pública) y otro que debía arrancar de cero (La prensa del Camp de Turia). Qué empresa, Dios mío. La seguridad me la daba mi mentor: Salvador Barber. El periodista con el que también hice algún pinito en las desaparecidas «Hoja del Lunes«. Prehistoria, lectores. No contento con eso, me embarqué en un nuevo diario dirigido por él: «Valencia 7 días». Cerró. Y me fui al paro. Después (exactamente un martes y 13) llegarían las cámaras y los focos. Canal 9 TVV llamaba a mi puerta.

Con este recuerdo tan lejano (no he querido poner fechas ni años) celebro el Día de la Radio. Hoy. Gracias a todos lo que fueron oyentes y a los compañeros que tuve. Entre todos lo pasamos muy bien. Realmente bien.

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