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No me dejes

    COLUMNAS

    Jardines de ficción

    Creo que es sábado porque hoy me toca sección de Cuaderno de viaje en RNE. Pero, os lo digo como lo siento: no sé en qué día vivo. Ayer mismo, una amiga profesora, que debe estar trabajando mucho desde casa, mails, whatsapps de padres, maestros, etc., me dijo: ¡viernes! Y yo no supe qué cara (de emoji) ponerle. 
    Hoy me desperté a las seis, bien pronto, sí. Y a estas horas estoy duchado, desayunado y escribiendo esto para vosotros. Por sentirme comunicado.
    Lanzo botella al mar desde mi isla desierta, desde este piso que amé y que se convierte ahora en una bonita celda de objetos y recuerdos.
     
    Imaginadme.
    Estoy en un sillón que he arrastrado estos días a la ventana, la tengo abierta de par en par, el aire es fresquito, me gusta sentirlo en la cara, me creo que es la sierra de Utiel o Buñol. Imagino que paseo por el Roquillo o por la ermita del Remedio. Por imaginar. «HAY QUE INVENTAR LA VIDA PORQUE ACABA SIENDO VERDAD», ANA MARIA MATUTE.
    En fin, miro las casas, las fachadas, los balcones, las banderas de españa, los bares cerrados donde me sentaba hasta hace poco a apurar cañas, el kiosco de prensa, la farmacia, la tienda donde compré un jersey para mi madre en la pasada Navidad, veo los tejados, envidio los balcones y ¡las terrazas! Y no veo pájaros. Las migas que dejo en el alféizar siguen ahí, sin comensales. Mesa puesta. Mesa servida. Mesa vacía.
    Huele en la casa a palo santo que acabo de quemar, a lavanda de la colonia que me pongo cuando me ducho, a la tierra de una maceta que he regado, a café y a la manta con la que me abrigo mirando esta ventana.
     
    ¿Imaginais ya?
    Cada casa, cada mundo. Y cada micromundo.
    Cada corazón, cada cuerpo. Y cada latido.
    Cada pensamiento, cada zozobra. Y cada ensoñación.
     
    Ayer pinté flores. Me pasé la tarde creando jardines que no tengo. Uno de glicinias, otro de buganvilas, hice rosas, jazmines… Y los he puesto en la estantería, delante de los libros. (Esto me recuerda a NO ME DEJES). Pinto mucho. Pinto por genética materna: Clara. Ella pintaba y dio clases. Yo, por contagio, lo hice. Y pintaba, pintaba, pintaba. Creo que no he dejado de hacerlo desde entonces hasta este encierro.
     
    Todos pintamos algo en esta vida, pienso de pronto.
    Aunque, a veces, algunos no quieren que pintemos nada.
     
     
    MH.
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