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Raquel…

Querida Raquel, no son horas, pero no concilio el sueño. Acabo de conocer la noticia y sigo pensando que no puede ser verdad que ÉL se haya ido para siempre. Es imposible. Imagino cómo estarás. No, esto también es imposible. Es inimaginable saber cómo estarás en este momento. Fundamentalmente porque jamás he conocido a alguien que presentara a “su amor” con tanta luminosidad, con tanto cariño, tan enamorada, tan feliz.

Tu sonrisa es conocida por todos, tu cariño, tu forma de abrazar y de ser cómplice con los amigos. Pero la forma en la que paseabas con él, cómo le cobijabas en tu brazo, cómo le llamabas, cómo el amor se hacía vida cuando estabais juntos, era perfecta, admirable, maravillosa… y tú todavía estabas más bella, más luminosa, más feliz. No he conocido pareja más enamorada. ¿Te acuerdas en casa cuando me comentaste cómo era tu vestido de novia? Sicilia, las calles, la colcha… Qué película, qué felicidad.

El domingo nos vimos, venías cargada de bolsas junto a él. Imaginé que era una cena para los dos por tu forma de sonreír en la plaza. Me felicitaste por unas cosas. Nos besamos. Os vi. Os envidié. Y hoy… Querida Raquel, tengo ganas de abrazarte.

Qué pequeñas se hacen las cosas tan grandes en sólo una noche.

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