EL ESPAÑOL

Quítese todo

A mi el control de los aeropuertos me pone enfermo. Vigilo mi maleta de reojo como si llevara dos hilos de hachis, uno de cocaína, panceta de cerdo y muchas botellas de perfume de más de cien mililitros. Cuando me acerco me voy quitando el cinturón, descargo los bolsillos y me miro los pies pensando que calzo las botas de Esquilache. Luego cojo una bandeja, vacío las monedas, saco la cámara de fotos, el ordenador, la tarjeta de embarque, las llaves y miro donde leches he dejado la cartera con el dni. Todo eso mientras el señor del arco del triunfo me mira como si me conociera o sospechara que llevo explosivos de calidad en la mini maleta. Es una inquietud cercana al ridículo. Basta con observar las caras del resto de pasajeros para comprobar que a todos, en el control de los aeropuertos, se nos pone mueca infantil de presunto y maleante en ciernes… (el artículo sigue aquí)

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A la llegada al hotel

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