20MINUTOS

QUERIDA ABUELA

A los ocho años era adicto al chocolate caliente de mi abuela Irene. Vivía en una casa del centro de Utiel y sobrevivíamos a ese tiempo del blanco y negro que había dejado una larga dictadura. Por eso desayunaba fuerte, comía fuerte y merendaba fuerte. Por si acaso. Porque mi abuela decía que había que comer, que no me dejara nada por si llegaba una guerra. Por eso siempre hacía conservas y salaba jamones en el desván. Tenía el pelo recogido en un moño sujeto con horquillas, llevaba el luto por el abuelo y siempre olía a colonia. (EL ARTÍCULO SIGUE AQUÍ)

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