Libros

Pajaritas de papel

“Yo soy yo, como cada quisque, género aparte. Y mi progreso consiste en unamunizarme cada vez más”.

Salamanca, noviembre de 1896. Miguel de Unamuno escribe esta frase en una carta a su amigo el crítico literario Francisco Fernández de Villegas. Tiene 32 años y anhela distinguirse, hacerse un nombre entre los intelectuales de las letras en Madrid. Este mismo año termina su primera novela Paz en la guerra y él mismo se encarga de su impresión en Bilbao.

Antes de ser una de las principales figuras de la generación del 98, Unamuno fue un niño que hacía pajaritas de papel con su primo Telesforo, asistía a clases de dibujo y destacaba a pesar de su falta de dominio del color. Un joven que asistió a la inauguración de la Torre Eiffel, estudió, fue opositor, catedrático y rector en la Universidad de Salamanca y tras un largo noviazgo se casó con Concha Lizárraga, a la que conocía desde niña. El niño que jugó en una ciudad, Bilbao, sitiada durante la Tercera Guerra Carlista, fue un joven con inquietudes y una implicación política que le sentenciaron al exilio en Fuerteventura siendo diputado y a un exilio voluntario en Francia, primero París y luego Hendaya. Y mientras la vida transcurría él no dejaba de escribir: cartas, artículos de prensa, ensayos, poesía, teatro, novelas… Mezclador de géneros, de ficción y realidad en su novela Niebla – él la definió nivola – donde fue autor y personaje. Escritor, periodista, ensayista y político.

El proceso de unamunización del autor de La tía Tula se lee entre las líneas de las cartas privadas, borradores y manuscritos que ha ofrecido durante este verano el Museo de la Biblioteca Nacional. Tras las vitrinas encontramos algunos de sus juegos de papiroflexia e incluso algunos de sus dibujos – en blanco y negro-. Cartas llenas de esperanza o desaliento dirigidas a sus amigos y compañeros como la que envía a Azorín felicitándole por una de sus publicaciones; manuscritos entre los que destaca el de su exilio titulado “De Fuerteventura a París, diario íntimo de confinamiento y destierro vertido en sonetos”, conjunción entre la escritura de confesión y creación literaria o borradores de algunas de sus obras como el borrador autógrafo de “El otro” redactado en un cuaderno colegial francés.

Curioseamos sin pudor por fetichismo literario y principalmente por la trascendencia de su obra. El propio Unamuno era consciente de que sus escritos y conversaciones privadas acababan formando parte de sus publicaciones. Así lo expresaba en otra de las cartas expuestas dirigida a Luis López-Ballesteros y de Torres fechada en 1919:

Para excitarme a pensar cosa pública necesito comunicarme; pienso en voz alta; de mis cartas privadas salen artículos; mis mejores frases públicas se me han ocurrido, de pronto, en conversación o en correspondencia privada”.

Virginia Pizarro, texto y fotos 

 

 

 

 

 

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