Libros

Otoño

Ya sé que pronto llegan las castañas, que apetecerá café con leche en El Comercial, que dará gusto abrigarse con un cardigan… bla bla bla. Ya sé todas esas cosas del otoño que suenan más a poéticas que a verdad. La cuestión es que este año no tengo ganas de otoño; que me apetecerá pronto, lo sé porque tengo el criterio emocional para los gustos bastante desnivelado, pero de momento no. No me apetece otoño. Quiero sol, quiero playa, quiero manga corta, quiero cañas frías, quiero sal, paseos con doña Leo, horchata granizada y toalla en la orilla. Y lo digo desde mi mesa en Madrid desde donde escribo la cuarta novela, en plena meseta, con el mismo sol que pone moreno y que ahora parece de foto de instagram por la ventana. Esta pataleta absurda no sirve para frenar su llegada (ya llegó) a nuestras vidas. Pero relaja. Me relaja.  Sobre todo me relaja de la llamada que me ha hecho XXX y que me deja patidifuso. Con lo a gusto que estaba yo con mi ventana abierta y vienen a espantarme la tranquilidad.

 

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