20MINUTOS

Más que política, frenesí

Está la cosa, la política, como para opinar. Si opinas porque opinas, si no opinas porque no opinas. En el frenesí de la actualidad acalorada en el que andamos metidos, todos hablamos y todos criticamos cómodamente desde el sillón pelando castañas. Es fácil. El móvil sirve de plaza pública para poner de vuelta y media a los concursantes de OT, a Mariano Rajoy o a Puigdemont. Lo mismo da. Todos somos tertulianos, juristas, árbitros y expertos en música. El rien ne va plus.

Desde hace unas semanas, o más, no hay manera de conversar civilizadamente ni en redes ni en los bares porque la razón está más repartida que la pedrea. Todos ganan. Nadie quiere perder un debate y los líos verbales acaban en trifulca interminable. No quiero pensar en cómo serán las cenas navideñas que se avecinan. Miedo me da.

Viendo el otro día que la plaza estaba animada, me permití lanzar una opinión sencillita, de poca enjundia, y la escribí en Twitter, que es donde se cuecen los odios y los amores hasta el paroxismo. A los cinco minutos, mientras me comía las albóndigas que había hecho mi madre, coleccionaba amenazas, ladridos y un surtido de adjetivos calificativos dignos de películas del oeste. Qué facilidad tiene el ser humano para insultar, caray. Me callé y seguí masticando mientras leía respuestas en cadena. Qué porfía.

De tanto odiar hemos hecho músculo para las agarradas. Qué verbo más afilado para echar fieros, enseñar los dientes y sacar las uñas. Alguno me decía que tuviera cuidado con ir a tal sitio a firmar mis cuentos. Sic. Abrí los ojos como si fuera lunes. Qué piel más fina y que gatillo más rápido, como diría Gaspar Llamazares.

Ignoro si el tiempo de inestabilidad política también genera una inestabilidad emocional, pero parece que las redes han sacado al australophitecus que habita en nuestro interior. Da igual el sexo, da igual la edad, da igual la procedencia. La realidad es que andamos repartiendo cera como si fuera Karate Kid, de todo sacamos la parte negativa y si puede ir a peor, irá a peor. Si hay posibilidad de gresca, habrá gresca. En marejada, dicen, se hace experto el marinero. Pero desde aquí os digo: tanta marejada, marea.

A estas horas, periódico en mano, invoco al dios de la tranquilidad y de los poleos menta. Y si existe, que se cuele por las teclas, por las palabras, por los juzgados y por los parlamentos. Un poco de sentido común y una pizca de calma mejoran el guiso. El panorama está revuelto, no hay más que verlo, y los protagonistas, también. Es insana esta paranoia. Omeprazol y lexatín a cascoporro, por favor. Las locuras que sean de amor, me dije.

Eso sí, una ultima cosa. Cuantos más desquiciados veo, más quiero a mi perra.

ARTÍCULO PUBLICADO EN 20 MINUTOS

 

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