EL ESPAÑOL

¡Mamá!

No es el fin del mundo, aviso. Pero todos hemos sido solteros y todos hemos estado resfriados. Ser y estar, confusión voluntaria. Así que, dicho esto, el drama es común.

La mañana en la que te levantas con la nariz de berenjena y el pecho cargado a lo Shrek desearías volver a la cama infantil y decir: ¡mamaaa, mamaaaá! Pero mamá no está. Ni papá. Ni la abuela. Ni la tía Josefa. Eres la perra Laika, perdido en el espacio de tu habitación. Qué tiempos aquellos en los que tu madre se sentaba en el borde de tu cama para ponerte la mano en la frente, abrigarte cuello y dejar un zumo recién exprimido en la mesita de noche. ¡Más todavía! El termómetro a tiempo, los cuentos de Enid Blyton al alcance, el agua en un vaso, un efervescente removido, el vicksvaporub, la tele bajita, la pregunta constante: “¿cómo estás? ¿mejor? ¿bien?” Cada recuerdo de aquella realidad te hunde más en el colchón sudado y habitado de virus que te traga como arenas movedizas de un pasado que no volverá. (SIGUE LEYENDO AQUÍ)

IMG_3720 copia

You Might Also Like