Libros

¿Las hojas muertas?

El otoño llena de hojas el Paseo de Recoletos de Madrid. Hojas de papel viejas, antiguas, otoñales; con historias y trayectoria que negándose a ser feuilles mortes se agarran con más o menos fuerza a su encuadernación cuajadas de vida. Ajenos a los dramas o comedias de sus protagonistas los libros de la Feria del Libro Viejo y Antiguo, esconden bajo sus tapas su propia historia. Dónde vivieron, quién los regaló, quiénes rieron o lloraron sobre sus páginas, una dedicatoria apasionada, una mancha de café, una palabra que alguien subrayó y olvidó porqué.

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Para creyentes y no creyentes en el futuro de los libros en papel las casetas están llenas de supervivientes en busca de una segunda –o enésima- oportunidad. Primeras ediciones, manuscritos, incunables o ediciones raras agolpados junto a revistas que nos hablan de un tiempo pasado, comics, postales perdidas escritas o en blanco o esos cuentos y recortables que nos devuelven durante un instante a los pequeños lectores que fuimos.

Estos días de feria hablar de libros se convierte en una clase magistral de literatura. Las conversaciones con los libreros o entre clientes habituales de las librerías de viejo están llenas de nombres y títulos casi desconocidos o universales y de la esperanza de los lectores por conseguir al fin ese libro tantas veces buscado. Ellos lo saben todo de sus libros –benditos libreros-, podemos preguntarles si tenemos clara nuestra búsqueda estamos indecisos o podemos pasear la mirada por los lomos o portadas dejándonos seducir como seduce el cartel de esta edición de la feria ilustrado por Fernando Vicente que vuelve a dar en la diana.

Leer en papel, doblar las hojas, anotar o subrayar palabras, escribir la fecha de inicio y final, una dedicatoria para regalar; volver a un libro ya leído y encontrar una hoja – esta vez de un árbol- o pétalo que guardamos, un billete de metro de otra ciudad, de otro país, una entrada de cine descolorida. Manías de lectores, imagino que cada cual tiene la suya, yo algunas. Los libros antiguos tienen el añadido de convertirnos en voyeurs de las vidas de sus anteriores dueños. Cuando me pregunto dónde acabaran mis libros más queridos, con mis marcas, mis fechas caducadas y mis dedicatorias me tranquiliza imaginar que seguirá celebrándose una feria de libros viejos y antiguos y que encontrarán un nuevo lector a quien contarle (mis) secretos.

 

Texto y fotos: Virginia Pizarro.

“La primera vez que leo un libro excelente me parece haber ganado un nuevo amigo. Cuando lo vuelvo a leer más tarde es como si me encontrara con un viejo amigo”. (Oliver Goldsmith)

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