EL ESPAÑOL

Galimatías

El doctor Luis Riveiro, hombre muy equilibrado y de gran saber, es uno de los amigos que más insiste en que me actualicede una vez por todas –él lo llena de onomatopeyas, no es mal hablado pero incluye risas irónicas y algún taco– al asunto digital. No es el único amigo que me recomienda lo mismo. A estas alturas, me dice, aún estás aguantando la cola en el banco para hacer un ingreso, pudiendo ejecutarlo desde el móvil en un pispás. Debes ser hasta de los que actualiza la cartilla. Se ríe. Si la cosa no se remedia, vas a quedarte en el siglo anterior.

Lo miro con ojos de perro pachón. No crean que no he probado a bajarme las aplicaciones en mi teléfono. Ahí están, dormitando. No me aclaro y me resulta muy incómodo, en contra de lo que le pasa a todo el mundo (soy un lerdo digital). Además, me molesta no saber si esos datos que ofrezco se han quedado por la nube o el ingreso se lo he hecho a otro fulano o he puesto un cero de más en la cifra. Pero, sobre todo, si algo me reafirma en mi resistencia, es la cantidad de jaleos y dolores de cabeza que me ocasiona tener que recordar otra maldita clave más. Que si un descuido, que si un error, que si una privacidad extraña, que si se bloquea y me entra un patatús.

sigue leyendo aquí, EL ESPAÑOL

You Might Also Like