20MINUTOS

“Free Almaia”

Las relaciones de amor me gustan, sobre todo cuando las vivo yo. Obvio. La de Amaia y Alfred en Operación Triunfo ha sido efervescente, como aquellas que vivíamos cuando teníamos sus años. Con la torpeza y la ilusión mezcladas en cada mirada.

También yo he caído rendido a su City of Stars y a sus juegos de sobremesa en el sofá, a los roces tímidos en el pasillo y a la complicidad de los silencios en el grupo. Ha sido como volver al colegio, a las clases de gimnasia, como vivir una serie que se está grabando en directo, como mirar desde la ventana el patio de luces donde otra pareja se besa a escondidas. El poder voyeur de la contemplación, de la admiración y, a veces, de la envidia. Todo lo salva el amor. O lo matiza.

Nada nos gusta más que ser testigos del inicio de una relación que burbujea, que se dice palabras con doble sentido, que confiesan su amor y que acaban dándose un beso delante de todos. Viva el amor espontáneo. Viva la chispa. Viva la tensión sexual resuelta y la que se queda en la yema de los dedos. Viva el amor, leñe.

Pero, sí, tengo un “pero”. Perdónenme. Cada vez que pienso en parejas que cantan me viene a la mente Albano y Romina –a tope de power-, Sergio y Estíbaliz o los hermanos Pimpinela. Desde fuera es una preciosidad romántica, un frasco de melaza para untar el pan, un escenario de bombillas y fuegos artificiales que cruzan la pasarela, que vibran en el escenario y que repiten hasta la extenuación un estribillo que nos gusta. ¡Otra, otra, oooootra!

Sin embargo, me da mucho miedo cuando la presión popular o la musical les obliga a continuar juntos a pesar de los roces. No quiero imaginar el dolor de repetir una canción que se grabó en tiempos de bonanza ante un publico que ignora que todo se ha tornado gris.

Me pongo en la piel de Amaia y Alfred, tan jóvenes, y se me hace bola. El tiempo es un misterio.

Que sí, que creo en el amor eterno. Que sí, que me encanta la pareja. Que sí, que nada tiene más química bajo los focos que el deseo verdadero. Que sí, que la sonrisa común desarma a todo un público sediento de amor correspondido. Que sí, que sí, que mucho crush y mucho shippear. Pero tan jóvenes…

Amaia de mi vida y de mi corazón, tan coherente, tan bella, tan naif, tan responsable, tan virtuosa, tan feliz, tan brillante, tan perfecta, te digo ahora que no me lees que te deseo una larga carrera musical y emocional. Alfred, más de lo mismo. Pero como Eurovisión suele convertirse en un meme, en un gif parodiado hasta el paroxismo, salvaos de que os pregunten por la pareja y los hijos hasta la eternidad. Cantad solos. Amad en compañía.

 

 

 

Artículo publicado en 20 MINUTOS

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