Vida

“Es que es tradición, oiga”

Hemos tenido que soportar otro año más el toro de la vega con la justificación de que “es tradición, oiga”. No voy a preguntarle al toro. Me lo imagino. Intuyo lo que el animal piensa de los alegres festeros que corren gritando con la lanza a las afueras del pueblo. El acto más estúpido y brutal de este país y algunos, todavía, invocando a la cultura. Y así seguimos. Brutos y estúpidos.

Mi querido Eugeni Alemany dice que el “arte del toreo” es la profesionalización de las tradiciones nacionales como las de Tordesillas. “Un torero –explica- es un lancero que se gana la vida así”. Ese es otro debate. O una amplitud del mismo. Lo dejo para más adelante.

Diré que no le pillo el punto a la mezcla entre la Diversión y la Muerte fusionadas en una coctelera que agita el embrujo de la fiesta popular. El sadismo de la muerte y los aplausos. La sangre y el vino. La crueldad y las risas. No, no lo pillo.

Mientras tanto, veamos. Los políticos echando balones fuera, sin actuar contra el maltrato porque andan aún debatiéndose entre la tradición y los votos. Sobre todo esto último. Los animalistas arriesgando la vida manifestándose in situ, no con hashtag. Los periodistas aguantando agresiones y escondiendo cámaras y micros para poder informar. Y los del pueblo, negándose a que graben su fiesta. Algo verán mal cuando no les apetece que se difunda la algarabía por el mundo entero, ¡con lo sano que es el turismo! Algo chirría, digo yo, a los de Tordesillas en el fondo de la mente. Allá al fondo.

Pienso es en todas esas justificaciones tan absurdas que se dan para mantener la “cultura” y me entra risa. Bueno, miento. Me entra sobre todo pena. Luego risa. Porque con reductos como el de Tordesillas poco avanza el homosapiens. La señal de la tele cuando se emitía Érase una vez el hombre no debió llegar al pueblo. Otra pena. Se perdieron la evolución contada en dibujos animados.

Este año ha muerto Rompesuelas, así se llamaba el toro, y Fran Alcalá, el mozo, ha salido eufórico como el victorioso matador. El resto aplaudía al gladiador. Sin embargo el tribunal del torneo medieval anuló su victoria por irregularidades en el reglamento. Ya ves.

¿Y no habría sido mejor una verbena?

 

Màxim Huerta

(imagen Claudio Álvarez)

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