DESTINOS DE PELÍCULA

El espectáculo de Montmartre

Montmartre es una colina sobre la que se eleva la basílica del Sacré Coeur, “sagrado corazón”. Desde allí arriba, a 130 metros de altura, tenemos una de las mejores vistas de París. El barrio fue cuna de la bohemia parisina del siglo XIX y… Bla bla bla. Todo eso podéis encontrarlo en las wikipedias y en miles de guías que nos hablan de uno de los barrios más conocidos del mundo. Lo importante en Montmartre es lo que sientes, lo que destila todavía a pesar del tiempo, lo que intuyes tras los turistas que corren de un sitio a otro con sus cámaras y los carteles de los precios actuales. Más allá del hoy se esconde la emoción de Montmartre del ayer. Es mi barrio. J’adore!

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Es, posiblemente, una de las fachadas más fotografiadas de Montmartre. Su ubicación es inmejorable. Caer en la tentación después de estar paseando por Montmartre es realmente fácil. A mi me gustan los crepes de limón Le Tirebouchon, allí he escrito algunos capítulos de mi próxima novela.

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La Basílica del Sacre Coeur domina desde lo alto toda la ciudad. Desde abajo, el viejo carrusel en el que jugaba Amelie dejando pistas espera dando vueltas.

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Castañas.

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Le Consulat, uno de los restaurantes más famosos de Paris y ¡más fotografiados! Fue punto de encuentro donde los pintores impresionistas más destacados iban a comer y beber. Entre ellos estaban Renoir, Monet, Zola, Van Gogg y Cezanne, entre otros. Todos los turistas buscan la atmósfera que embrujó a aquellos artistas.

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Las escaleras de Montmartre. Nevadas, con sol, con niebla.. La belleza de este lugar es indiscutible. Hay un funicular que te evita los 197 escalones, pero… mejor subir. No tenemos prisa.

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Sí, la Place du Tertre es un foco de turismo mundial, precios caros y abarrotada casi siempre de gente. Pero si elegimos bien la hora, podremos disfrutar de uno de los lugares con más encanto de París. Ve cuando despierta o cuando anochece.

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Los pintores que llenan la place du Tertre actualmente emulan a los grandes del pasado. Caballetes con lienzos de rincones encantadores típicos parisinos, puentes y fachadas de colores. La plaza queda convertida en atelier, abarrotada de artistas que también realizan retratos y caricaturas de los paseantes.

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Tejados, chimeneas y el Sagrado Corazón desde mi ventana. La butte, lugar de arte y de la memoria nostálgica. La basílica se recorta en el horizonte en lo alto de la colina, un barrio que ha pasado a la historia.

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El Sagrado Corazón entre las fachadas. Las cúpulas más célebres. Proyectada en 1875 por Paul Abadie, es uno de los temas más recurrentes para los artistas que pueblan el barrio.

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París luminoso. Muy cerca está el París transgresor y escandaloso de Pigalle, la zona de locales eróticos que serpentea a los pies de la colina. Mucha luz de neón y mucho cartel provocador en el bulevar de Clichy, donde desde 1889 giran las aspas del Moulin Rouge, el más celebre de los locales nocturnos.

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En el escenario donde triunfó el cancán se sucedieron las estrellas internacionales como Edith Piaf, Yves Montand, Ella Fitzgerald o Frank Sinatra. Fue construido por un español, Josep Oller, dueño también del Olympia. Si quieres tomar una copa, puedes entrar al Bar à Bulles, un punto de encuentro realmente agradable. Se accede desde la puerta del Moulin.

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La frutería de Amelie es otro lugar indispensable si caminamos por Montmartre. El dueño llegó a sacar un disco tras el éxito de la película. Hoy por hoy es más escenario que tienda, pero tiene su gracia visitar al nuevo Monsieur Collignon.

 

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