EL ESPAÑOL

Con ustedes, la infancia

Agradezco infinitamente que, de niño, mi padre me apuntara a mecanografía. Soy el resultado de aquellas clases en las que una gran Olivetti me hacía sentir como Sokolov frente a la sonata nº 32. Tracatacatacatacatá. Fue duro. Los dedos se espanzurraban entre la g y hache. La fuerza y la máquina podría habernos dejado mancos a toda la clase. Pero sobrevivimos. Así que cuando me preguntaban, niño, qué quieres ser de mayor, yo decía: escritor de teclas.

Pero no perdamos el hilo narrativo. Soy el resultado de ese traqueteo y de las clases de pintura a las que me apuntó mi madre con un artista local. El ruido de las teclas y el colocón del aguarrás hicieron esta personalidad despistada y burra que soy ahora. Una mezcla de desierto, casualidad y cafetería, parafraseando a Paquito (Javier Cámara) en La mala educación. Pero nadie dijo lo de “con ustedes, a continuación, el misterio y la fascinación, la inimitable, ¡Zahara!”. (SIGUE AQUÍ)

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