EL ESPAÑOL

Con las manos torpes

En principio este artículo tenía que tratar sobre las tartas de zanahoria que pueblan todos y cada uno de los nuevos locales de moda en un exceso de sofisticación repetida. Mi tesis giraba en torno a la idea de que antes había tartas al whisky, después cremas catalanas y ahora son las tartas de zanahoria que no saben a zanahoria. Pero estoy espeso. Mi padre tiene alzheimer y pequeños infartos que van minando su capacidad de movilidad. Mi madre camina regular. Regular mal, diría ella en un matiz importante. Yo asumo la vida como viene. No estoy vencido, es sólo una especie de resignación dócil y voluntaria. Por eso busco temas que me evaporen del calendario. A los articulistas nuevos le pone la monserga de política. Está bien, la contemplo, me irrito y voto. Pero nada más. Confieso que a mi ya solo me ponen los diálogos cotidianos, las cosas menudas. He aprendido a memorizar insignificantes momentos del día a día y a quitarme de encima otros que me molestan. Otros que ocupan espacio en mi memoria ram. (sigue leyendo aquí)

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