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20MINUTOS

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    Año de nieves…

    La nieve tiene una capacidad hipnótica. Nos seduce cuando la anuncian a bombo y platillo en los telediarios, y nos conquista cuando, al grito de “¡está cuajando, está cuajando!”, empieza a cambiar el paisaje que nos rodea. Es eso lo que la hace extraordinaria, el hecho de que modifica de un plumazo todo lo que toca. Cambia la foto que vemos diariamente, la tunea en blanco, borra la suciedad de las esquinas y lo de siempre ya no es lo de siempre. La nieve embellece porque maquilla.

    No es cosa de niños. O no lo es solamente. Cuando nieva surge el pequeño que suspiraba por ella viendo la televisión, el que veía Heidi con paisajes inmaculados, el que leyó Mujercitas y se abrigaba en la chimenea de los March, el que escuchó las pisadas de Luke en “Star Wars: El imperio contraataca” (1980) en el planeta Holh o el que puede tararear sin problema el tema de Lara de Doctor Zhivago: Somewhere, my love… la la la laaaaá. Por cierto, que aquella fría y nevada Rusia de Omar Sharif y Julie Christie, era la estación de Delicias de Madrid, Salamanca y Soria. Localizaciones castizas para la revolución cinematográfica de David Lean. Boris Pasternak, mientras escribía su novela, no imaginó que prácticamente toda la película de su famosísimo libro se rodaría en España.

    La nieve queda bien. En las fotos, en los libros y hasta en las películas de miedo como El Resplandor. La nieve nos modifica un belén de Jerusalen, donde resulta insólita y exótica, o nos mantiene en vilo frente a las hazañas del Everest. ¿Habrían enamorado tanto las princesas Pixar de Frozen, Elsa y Ana, de haber sido imaginadas en un secarral? No creo. La nieve pinta bien. La nieve nos da buenas fotos, nos llena instagram de copos que caen lentamente, de calles con pisadas marcadas, de arbolitos con las ramas cubiertas y de improvisados muñecos de nieve… Y, sí, se multiplica el envío de whatsapp con idílicas postales de las nevadas. Es algo impulsivo, entusiasta y casi adolescente. Que tire la primera bola el que no haya caído en la tentación de sacar la cámara y disparar… ¡flash!

    El refranero está lleno de referencias. Pero también las noticias. Complicaciones, temporal, ciudades y pueblos sin electricidad, alerta por frío, vuelos retrasados y numerosos cortes de carreteras, uno tras otro. También, claro. También es eso la nieve. Es lo que tiene no estar acostumbrados a los inconvenientes que genera. Nos hipnotiza y se nos olvida que la nieve no es sólo una preciosa foto en busca de likes. Confiemos ahora en el refrán: año de nieves, año de bienes.

    Artículo publicado en 20MINUTOS

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